Cuantas veces me he quedado sin decir cosas que en algún momento habrían cambiado las cosas. Palabras calladas, palabras no dichas. Palabras que a la larga son las que más duelen o las que de verdad habrían animado una mirada triste, o un mal día.
Pido perdón por no decir muchas veces lo que siento por las personas. Me callo. Quizá por cobardía o por miedo a que esas palabras tengan una connotación negativa.
Muchas veces no digo lo que las personas que quiero significan para mi, y puede que algún día me vea en la situación de haberlo perdido. Muchas veces soy fría y distante, porque no quiero darme cuenta de lo que en verdad dependo de las personas a las que quiero. Las quiero y no se lo digo, y debería decirlo, pero soy una cobarde. Me cuesta admitir que dependo muchas veces de una mirada amable, de un saludo o de solo una sonrisa. No puedo vivir sin tener ese apoyo a mi lado. Confieso también que muchas veces soy yo la que no está al lado de las personas, a pesar de que me gustaría. Pido perdón porque, a veces, no se agradecer una ayuda o soy una cabezota y no quiero escuchar.
Eso que me cuesta tanto decir, y que muchas veces no digo, se quedará ahí, porque puede que duelan más lo no dicho que lo mucho por decir.
A todas esas personas que a pesar de mis múltiples defectos siguen ahí; y al final lo digo, aunque sea por escrito, gracias, y aunque muchas veces me cueste demostrarlo, os quiero más de lo que pensais.